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La Barra de Bueras!

 
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Historias de Liniers

Este sitio nació, como su nombre lo indica, con la intención de ser un punto de encuentro virtual para un grupo de amigos que solía juntarse en el Pasaje Bueras. Pero su objetivo no se agota allí: también busca convertirse en una referencia del barrio de Liniers en el ciberespacio.

Por eso, en esta sección, incluiremos historias, curiosidades y anécdotas relacionadas con el límite oeste de la ciudad de Buenos Aires. Desde ya, todos están invitados a participar y a contactarse a través de nuestro foro.

 

Actualidad del barrio

¡¿La terminal de ómnibus en los talleres del ferrocarril?!

Según fuertes versiones, el Estado nacional habría cedido parte del predio de los talleres del ferrocarril a TEBA (Terminales de Buenos Aires)- cuya titularidad esta a cargo del Sr. Néstor Otero- con la finalidad de construir una terminal de ómnibus de larga distancia junto a un centro de transferencia de colectivos. Pasando por alto, de este modo, el proyecto del Polo Cívico Popular existente desde el año 2000.

Recordemos que dicho proyecto pretende convertir las 36 hectáreas de los antiguos talleres ferroviarios en un espacio abierto a la comunidad, donde entre otras cosas se desarrollarían un salón de exposiciones y conferencias, un museo ferroviario, una escuela materno infantil, una escuela de educación técnica, un sector dedicado a la practica de deporte social, un parador para chicos de la calle, una sede del Instituto Nacional del Arte y espacios verdes, dándole al barrio una estética y un ambientación cultural y ecológica que es muy necesaria.

Los gestores de este traicionero traspaso a TEBA serian el Ministro de infraestructura Julio de Vido y el Secretario de transporte Ricardo Jaime, con la mediación de Juan Pablo Schiavi, el ex ministro porteño de la era Telerman quien tiene “a su cargo” los bienes ferroviarios.

Desgraciadamente ante la parcimonia de la dirigencia del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el Gobierno nacional continua realizando grandes negociados inmobiliarios a espaldas de la ciudadanía y sus instituciones, a favor de quien sabe que oscuros bolsillos.
 

Fuente: www.barriodeliniers.com.ar  
 


El mono de la calle Montiel

El sonido, grave y gutural, puede ser advertido a casi una cuadra de distancia. Sin embargo, no son muchos los que transitan las calles de Liniers con los oídos abiertos, dispuestos a escuchar lo desconocido. La gente, ensimismada, camina por la calle Montiel sin detenerse a escuchar el llamado de la bestia.

Están quienes oyen el aullido y apuran el paso sin mirar a los costados. También quienes lo oyen e intentan descubrir de donde proviene, sin acertar a qué dirección deben dirigir sus miradas: se fijan en los autos, en los negocios, algunos tratan de vislumbrar si algo extraño ocurre en la estación de tren… pero ninguno llega a encontrar a la fuente del rugido.

Y finalmente nos encontramos con aquellos vecinos u ocasionales transeúntes que atinan a levantar la vista y se encuentran con el mono al acecho. Sus garras sobre el borde del balcón, los ojos temblorosos y el cuerpo en actitud de alerta, como esperando el momento en que se corte la soga que lo detiene y pueda dar rienda suelta a su instinto salvaje. Mientras tanto, aguarda y no deja de emitir sus aullidos y gruñidos, en un intento por recordar a quien quiera oírlo que un mono no es un animal doméstico, no es una mascota que pueda vivir en paz frente al shopping del barrio.

Los interesados en conocer al protagonista de esta historia, no tiene más que caminar por Montiel al 100, entre la avenida Rivadavia y Ramón Falcón, a mitad de cuadra y justo frente al estacionamiento del mencionado centro comercial. En un añejo balcón, el mono de la calle Montiel espera su momento de libertad.
 


 


Aquel Liniers inolvidable (Parte I)

Recuerdos

¿Escucharon….? Ya viene el carrito de la Panificación.

Su llegada era precedida por el sonar reiterado de la corneta, cinco o más veces. Los chicos que estábamos jugando en las calles del barrio de Liniers durante el año 1962, sabíamos que era el momento de interrumpir los juegos y mirar hacia la esquina. Allí aparecería, dando la vuelta, una jardinera pintada de rojo y tirada por una mula o un caballo que venía hacia nosotros.

Nuestras madres salían a su encuentro. El repartidor detenía el carrito, bajaba y abría las puertas traseras, dejando al descubierto una verdadera panadería ambulante. Las tentaciones eran variadas: pan lactal, francés, integral, facturas, budines, dulces y todo lo rico que uno deseara. Su procedencia, una fábrica que elaboraba productos de la mejor calidad en la Capital y que llegaba a cada hogar, barrio por barrio, casa por casa.

Hoy deseo contarles a todos aquellos que no la conocieron y a los que ya la olvidaron, qué fue La Panificación Argentina.
 

Continuará...


Los paseos de Roque

“Estoy leyendo un libro”, comenta Roque a quienes se cruzan en su camino por las calles de Liniers. Y el tiempo presente de su decir no podría ser más exacto: efectivamente, Roque lee un libro mientras camina por el barrio. Aunque su conducta parezca eludir los cánones de la normalidad, hay que reconocer que su paseo respeta una lógica casi matemática. Una mirada al libro, otra a la vereda, nuevamente los ojos al libro, otra vez mirar hacia delante… Roque puede caminar y leer a la vez. No se choca con nadie. Y hasta tiene tiempo para saludar a los vecinos y comentarles que, claro, está leyendo un libro.

En otro de sus paseos, Roque sorprende a Liniers con una flauta. Suena desafinada, sí, pero nadie puede negar que el tipo sopla con fuerza y se empeña en sacar sonidos del instrumento. De todas formas, su faceta musical no termina en ese intento. Hay días en que se escucha a lo lejos alguien que canta y uno ya sabe que, en pocos minutos, se cruzará con Roque.

No es un hombre de negocios, no está en plan de ventas. El saludo lo ofrece sin discriminación, lo tiene ahí a disposición de todos y de todas. Parece que no le importa que le esquiven la mirada o que hagan oídos sordos a sus palabras. Roque es así, se siente feliz al caminar por el barrio, al leer o al cantar. Comparte su alegría con la gente, no ahorra sonrisas. Roque es un tipo sabio.