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Así se formó
la Barra de Bueras (Parte II)
A mediados del mes de
diciembre comenzaba la temporada de pileta en Vélez.
El grupo de amigos de Bueras iba siempre a la mañana,
porque decían que a la tarde había demasiada gente. Y era
verdad. Tempranito todos los días y, cada uno con su bolsito
marinero, caminaban por Reservistas Argentinos hasta
llegar al club.
Siempre el agua estaba helada, por eso, mientras subía la
temperatura matinal, el destino obligado era el solario,
donde había charlas y se disfrutaba del juego de las ojotas.
¿En qué consistía? Pues en tirarlas por el aire y, de acuerdo a
como caían, se imponía un castigo que tenía que cumplir el
tirador de turno, ya sea un chancletazo en la punta de los dedos
o en la cabeza. Así se divertían estos chicos. Al mediodía, a la
salida de la pileta, cruzaban al kiosco de la calle Barragán
y saboreaban algo que realmente los fascinaba: pancho,
Coca y los caramelos Chucola.
El bañero de aquella época era Piluso. Nunca se supo su
verdadero nombre, pero era un personaje sin igual, muy cordial y
divertido pero tremendo a la hora de sacarte la “chapita”
(vale aclarar que la famosa chapita era realmente un circulo de
metal donde tenía impreso un número que correspondía al
casillero donde estaba guardado tu carnet). Sacarte la chapita
era como la tarjeta roja en el fútbol y te correspondían dos o
tres días de suspensión. Las faltas más graves eran: correr por
el natatorio, empujar a alguien al agua, darle un toallazo a
otro bañista, etc. Algo que no estaba en el reglamento pero que
Piluso lo tenía como regla era que, si te subías a los
trampolines (lógicamente por las escaleras), tenías que
bajar por el aire: es decir, te tenías que tirar.
El club tenía varios trampolines: el de 1 metro, el de 3, el de
5 y el de 10. Ahí si que se complicaba. Todas las tardes un
grupo de jóvenes, de no más de 20 años, realizaba un show
increíble desde el trampolín de 10 metros. Entre ellos estaban
Luis Arispe, Carlitos y el Gordo Ballena.
Pero volvamos a la Barra de Bueras. Más o menos, ésa era
la rutina diaria de estos chicos y, como ya hemos comentado, la
tarde se pasaba entre figuritas y fútbol en la vereda. A la hora
de la leche, la costumbre era invitar a alguno a la casa para
compartir la merienda (previa autorización de nuestros padres)
y, a eso de las 19 horas, ya cada uno retornaba a su respectiva
casa.
Continuará…
- Ver
Así se formó la Barra de
Bueras (Parte I)
- Ver
Así se formó la Barra de
Bueras (Parte III)
- Ver
Así se formó la Barra de Bueras
(Parte IV)
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